lunes, 26 de marzo de 2007

Carolina, la radomante

Hoy, 25 de marzo de 2007, viví una experiencia, cuanto menos inquietante.

Una pareja amiga de Trevelin, vecinos del callejón Wilson, nos recomendó (y de hecho nos envió) a un señor sexagenario que se presentó de sorpresa a media tarde (hoy domingo) en bicicleta tipo mountain bike y acarreando unos particulares adminículos.

Un péndulo, dos horquetas de sauce y dos varillitas de alambre de forma peculiar, cuidadosamente dispuestas entre los cables de freno de su rodado todo terreno, ya hablaban por sí solas cuando lo vimos llegar.

Era Elis, ¡el radomante!

Elis Williams (como no podía ser de otra manera... ¡Williams!!) es un apasionado de la radiestesia, y desde que no tiene otra cosa que hacer (jubilado por invalidez desde hace 18 años) se dedica a pronosticar de forma libre y gratuita en qué lugar los vecinos trevelinenses pueden excavar si quieren estar seguros de encontrar agua buena y en cantidad.
Su fama de “acertador” ya es popular y no hay quien ose perforar en busca de agua que no requiera sus servicios.

Con Dani lo observamos con intriga y curiosidad (un tanto risueña ante el despliegue de sus herramientas) mientras Don Elis se disponía a deambular por los alrededores de la casa susurrando quien sabe que cosas con el péndulo en mano hasta que se detuvo.

Mirándonos, dijo: -"Si gira hacia la derecha, es SÍ, si gira hacia la izquierda es NO", y continuó preguntando... -"¿Hay agua potable en los alrededores de la casa?" Y el péndulo giró hacia la derecha con evidente empuje recibido por algo mucho más humano que una energía superior... era demasiado evidente el movimiento de sus dedos que causaba tal efecto en el péndulo "mágico".

Automáticamente y sin percatar nuestras miradas de total incredulidad, tomó una de sus horquetas con ambas manos, la dispuso orientada hacia arriba, y comenzó a caminar con pasos decididos hacia el Este. La punta de la horqueta fue descendiendo lentamente hasta dar un giro de 180 grados, quedando perfectamente orientada hacia un punto en el suelo. -“Es acá”, dijo, después de hacerme correr la reposera que estaba en ese mismísimo lugar.

-“Acá hay agua”... no se si el hombre no tenía muchas ganas de caminar pero de la hectárea y media que tiene nuestro terreno el "de una", y en menos de 5 minutos, marcó un punto en el suelo a sólo 3 o 4 metros de la casa, sin recorrer EN ABSOLUTO el resto del lugar.

Quien conoce a mi marido se podrá imaginar la saaaarta de cosas que se le pudo haber cruzado en esos instantes por la cabeza, que por tratarse de una persona mayor, a quien ni siquiera llamamos, por cuestión de respeto no retrucó.

Yo, quien suelo ser un tanto más permeable (o al menos, menos cerrada) a pensamientos, ideologías, o estas llamadas pseudociencias, también me encontraba en un estado de incredulidad muy evidente... es que era taaan obvia la forma en la que había hecho girar ese péndulo que realmente perdía cualquier posibilidad de credibilidad.

Tomando nuevamente el péndulo, pregunta en voz alta: -“¿Es agua potable la de esta corriente?” (y el péndulo “gira” hacia la derecha). -“¿A qué profundidad está la napa? ¿1 metro? ¿2 metros? (el péndulo quieto) ¿3 metros? ¿4 metros? ¿5 metros? (el péndulo sigue quieto) ¿6 metros? ¿7 metros? ¿8 metros????” y el péndulo empieza a girar (con cierta ayuda) hacia la derecha otra vez.

“Aquí tienen que perforar y van a encontrar agua a los 8 metros”, dijo.

En un tono hasta desafiante, salté y dije -“Quiero probar!” (si existe cierto campo magnético o energético de algún tipo ocasionado por corrientes, en este caso de napas de agua subterráneas, cualquiera con un mínimo de sensibilidad debería experimentarlo y ser capaz de usar la horqueta)...

Mmm, un poco tentada y con el fin de divertirme mientras comprobaba que don Elis no era más que “un señor mayor que se entretiene y mata su aburrimiento viéndole la cara a la gente”, pedí instrucciones y tomé la horqueta con firmeza.

-“Agarrala con toda la fuerza que quieras", me dice. -“Con ganas nomás, sólo tenés que concentrarte en lo que estás buscando".

Eso hice. Y parándome en donde Elis estaba al iniciar su trayecto me dispuse a caminar tratando de pensar que lo que estaba haciendo era BUSCAR AGUA, y no pasar papelones ridículos ante un cada vez más risueño Wettstein, quien me miraba tentado.

No hice sino unos pasos, cuando noté que la horqueta (a la que yo sostenía BIEN hacia arriba) empezaba a bajar hasta casi llegar a una posición paralela al suelo... (se me debe estar patinando, pensé mientras la presionaba con mayor firmeza para que la gravedad no sea quien me engañe) pero a tan sólo dos o tres metros más, muy cerquita de donde Elis había marcado su punto de perforación, para mi total ESPANTO Y PETRIFICACIÓN, la horqueta bajó enérgicamente hasta quedar perfectamente orientada hacia el centro de la tierra.

No puedo explicar la sensación de horror (raramente mezclado con grato asombro) que experimenté mientras el escalofrío hizo ponerme la piel de gallina desde la punta de los pelos hasta la uña del dedito gordo.

¡No me salían las palabras! No esperaba SEMEJANTE manifestación casi sobrenatural a mi experimento. Se suponía que debía desenmascarar a Elis, pero muy por el contrario, fue Elis quien me dio un escarmiento.

Probé con las dos varillitas que deben llevarse paralelas entre sí, una en cada mano, en posición horizontal, y que al encontrarse sobre una corriente de agua subterránea deben cruzarse... SOLITAS, y cuando pasé por ese mismísimo lugar... las varillitas ¡SE CRUZARON!!

No lo podía creer.

Dani me miraba desorientado... una cosa es ver cómo una persona mayor a la que no conocemos cree tener el poder de determinar ciertas cosas "más allá" de lo "científicamente comprobable" y otra es ver la expresión atónita en mi rostro pálido ante semejantes manifestaciones.

Él mismo tomó la horqueta y terminó de convencerse... caminó y al llegar a la zona “del agua” la horqueta bajó.

(Ahí lo tenés al del pensamiento científico y racional... todavía absorto tratando de buscarle el porqué, cómo, cuándo...)

Caminamos MUCHO por el resto del terreno en búsqueda de otras corrientes o napas y nada. Sólo en un lugar se me cruzaron las barillitas pero muy suavemente... pudo haber sido el mismo movimiento al caminar que hiceron moverlas, pero Elis con su péndulo “confirmó” la presencia de una corriente muy leve de agua en ese lugar unos cuantos metros o más abajo que la anterior y con un caudal no suficiente para su explotación.

¿Qué fue realmente lo que pasó hoy con todo esto?... todavía no lo se... no lo asimilé.
¿Ciencia? ¿Casualidad??? ¿Mera Sugestión????
No sé.

Pero por lo pronto cuando consigamos quien haga la perforación, vamos a hacer el pozo en el lugar “del fenómeno”. No perdemos nada. Supongo que si encontramos agua, y ¡a los 8 metros! con el tiempo terminará siendo una casualidad más del destino.

Por las dudas no vamos a construir nada sobre esa zona, ya que los radomantes aseguran que tienen influencias muy negativas en la salud de quienes habitan construcciones elevadas sobre ríos subterráneos. También hicimos que Elis nos asegure que no “sentía” ningún cause de agua debajo de la zona en donde estamos planeando la construcción de la casa definitiva... "por las dudas, vió?"

Un dato curioso (y depende cómo se lo tome, hasta preocupante): desde que acomodamos la pieza de las nenas en nuestra casita provisoria actual, las nenas casi todas las noches terminaban dándose vuelta y durmiendo con la cabeza en dirección opuesta al cabezal de la cama. Tal es así que ayer al armar las camas me di por vencida y puse las almohadas del lado contrario y anoche no se cambiaron.

Esta tarde Elis me dice (y su péndulo confirma) que la parte de la cama donde solía tener las almohadas (sólo esa) alcanza a estar sobre una pequeña corriente de agua (la misma que viene desde donde marcó para perforar), que es muy leve pero que puede ser suficiente para al menos dar dolores de cabeza a quien duerme en esa posición.

¿Creer o reventar?...

[Intentamos sacarle fotos a Elis durante su trabajo pero ‘una fuerza superior’ (o... inferior??) hizo que la cámara simplemente prendiera sin dejar sacar una mísera foto... Acabo de probarla y la cámara ahora... ¡ANDA!]

Buuuhhhhhhh :-)

domingo, 25 de marzo de 2007

¡¡NUESTRA CHACRITA!!

Ufff!! hace demasiado que no subo nada al blog... las últimas semanas fueron de muchísimo trabajo y pocas horas de sueño y la verdad es que los ratos que me podía desprender del trabajo me dedicaba al Dani y a las nenas... lo que menos quería era sentarme delante de la compu!!

A ver... Después de dedicar un segmentito a “Canarito” en su cumple (hace más de un mes!!!!), retomemos la historia desde donde quedó porque ¡“la tercera es la vencida”!

Ese fin de semana de mayo, después de haber podido zafar a tiempo de pagar una pequeña fortuna por un terreno que no existía, “cacé” el golcito alquilado y salí rumbo al parque nacional “Los Alerces" con el objetivo de despabilar mi cabeza (aliviar la bronca) y recargar las pilas para emprender la búsqueda de cero el día lunes.

Todos comentaban de la belleza del lugar, de los lagos, de los bosques... tenía que al menos ir a tomar unos mates a la orillita del Futalaufquen, y la verdad es que valió la pena.
Volví a tomar la 71 (camino que pasa por el frente del terreno del río) pero esta vez cuando me estaba acercando, en lugar de frenar, pisé el acelerador a fondo y levantando tierra lo dejé atrás (como si la culpa fuera de “los áridos” o del mismísimo Percy).

Entrada al Parque Nacional Los Alerces




Yendo por la 71, la zona del parque comienza a unos 30km desde Trevelin. Unos kilómetros antes de llegar, el ripio se torna en pavimento lisito y muy bien señalizado, casi poniéndose a tono con la naturaleza impactante del entorno.
A la entrada del parque hay un cartel que da que pensar...

"Nuestros hijos no heredan la tierra de nosotros, la tomamos prestada de ellos"

(Para pensar, no?)

La ruta estaba desolada… no es una época en la que haya mucha concurrencia al parque, lo cual de hecho ¡estaba bueno! Necesitaba esa paz… La villa Futalaufquen estaba casi desierta pero siguiendo los carteles me las iba a arreglar para llegar al lago... Finalmente después de algunas curvas y de retomar un caminito de ripio en medio de un bosque de árboles impresionantes, llegué a “Puerto Limonao”...


Puerto Limonao sobre Lago Futalaufquen

Puerto Limonao sobre Lago Futalaufquen - Los datos más de cerca
(para los que no quieren ampliar la foto anterior) :-)


La transparencia del agua del Lago Futalaufquen es increíble… que lugar… es inmenso… y todo para mí solita : )

Lago Futalaufquen - caminata por la orilla a unos 1000 metros
del puerto Limonao

Pero más adelante ya vendría con el resto de los Wettstein en temporada y voy a contar más detalladamente las bondades de la zona.

Esa tarde deambulé un buen rato, extrañando un montón a Dani y a las nenas… era la primera vez que me separaba de ellos después del viaje a Inglaterra muchos años antes, cuando Ali tenía la misma edad que Larita ahora, y obviamente, Larita ni existía.

Después de dejar el auto estacionado junto al puerto, seguí a pié por el sendero, admirando mucho más de cerca esos troncos de un diámetro increíble y tan altos que mareaba de seguir con la mirada. “A 500 m, casa de té” decía un cartelito indicando hacia adonde y como el agua del mate se había enfriado por el camino antes de llegar al lago (malditos mate listos...) me tenté con la idea de una buena taza de té con torta. Esos 500 metros parecieron 1000... hay tanto para ver, entre árboles, pájaros, arroyitos con sus cascadas que desembocan en el lago... Cuando menos me di cuenta se abre un claro en medio del bosque denso… me había topado con una majestuosa hostería en madera y piedra que me dejó boquiabierta, con enormes jardines de cuidada parquización y una escalinata en piedra con descansos con bancos y canteros a lo largo del camino para bajar al lago. Lamentablemente no pude saborear ni el té, ni las tortas ya que para mi asombro, la hostería (con casa de té) estaba cerrada. Al parecer ni las hosterías se encuentran abiertas fuera de temporada estival. Una pena.

El parque tiene vida (social, turística, cultural, etc, etc) sólo 6 meses al año, durante la época estival. Pasado el verano y llegado el frío ya son muy pocos los curiosos que recorren la zona.

Hostería "Futalaufquen" a orillas del lago homónimo

Pero bueno, volvamos a Trevelin y a cómo finalmente di con “NUESTRA CHACRITA”…
Llegó el lunes y a primera hora (9 de la mañana por acá es MADRUGADA) ya estaba hablando con uno de los dueños de la que en ese entonces era la Inmobiliaria CELTA. Después de muchas andanzas, llegué a la conclusión de que son los únicos agentes inmobiliarios "serios" y hasta donde yo se, honestos, de todo Trevelin. (Actualmente los dueños se separaron y quien yo conocí en ese entonces –nuestro actual arquitecto- tiene la flamante inmobiliaria “Lugares del Sur”… chivo, otra vez... PIDAN COMISIÓN EN MI NOMBRE!! Jajaja)

Esta inmobiliaria sólo tenía un terreno para ofrecernos que reunía las características que buscábamos. Estaba también sobre la ruta 71, pero a apenas un kilómetro del pueblo (el terreno del río estaba a 4).

Desde la tranquera del loteo se veía toda una loma o ladera dividida en una docena de lotes de una hectárea cada uno, por detrás de ese cerro se apreciaba la majestuosidad de la cordillera, pero subiendo hacia el terreno en sí (en la parte más alta de la loma) la vista era sólo hacia el otro lado, el valle, el río… muy lindo también pero con vista casi nula del cordón andino. El punto muy bueno a favor de este loteo y de los lotes más altos en particular era que (además de la tranquilidad de que el Percy no iba a llegar tan alto : ) tenía un bosque muy tupido de pinos y otros árboles nativos muy añejos que lo hacían único. Árboles de más de 50 años, no nos alcanzaría la vida para tener árboles tan grandes si los plantamos nosotros. Pero bueno, todavía me quedaba un dato más por explorar …

Ya casi al mediodía fui a ver a otro agente inmobiliario, personaje DE AQUELLOS en el pueblo, que ya era la última opción que me quedaba antes de tomar una decisión. Los terrenos vendidos por particulares estaban o muy caros, o eran muy chicos, o no fraccionaban por menos de 3 hectáreas y no llegábamos... así que sólo me quedaba ver lo que este señor... llamémosle “Mr. P”, tenía para ofrecer.

Después de explicarle mi frustración por el mal momento vivido con la estafa del terreno del río Percy, pedí encarecidamente que me dijera todos los PROS y los CONTRA de lo que sea que tenga para ofrecerme. Ilusa yo, otra vez : )

Me paseó por todos lados, y cada terreno que me mostraba era “EL” terreno ideal para mi… ya su actitud no me gustaba nada…

Mr. P. es un tipo cuarentón, más tirando a los 50, que se la tira de canchero pero muy al estilo de “Anibal, el namber guan”, con usa sonrisa que parece de caucho pegada sobre su boca con dientes extremadamente blancos, un tanto demasiado grandes pero increíblemente parejos… parecía sacado de una caricatura.

De Trevelin a Corcovado, de Aldea Escolar a Lago Rosario, todos eran terrenos fa-bu-lo-sos para los Wettstein… “porque cuando yo le vendí a Tinelli"-repetía su sanata una y otra vez por cada fracción de terreno recorrida.

Durante el día entero de recorridos pude ver en este señor cierto perfil obsesivo, complicado, de haber sido psicóloga seguro me hubiese encantado indagar más... (o hubiese salido corriendo!). La madre llamando cada cinco minutos al celular, si, “¡la madre!!” preocupado porque su hijito no había llegado a almorzar, y que qué iba a comer, y que los ravioles se enfrían... a lo que este señor respondía de manera que ya no puede considerarse “tierna” sino infantil rayando en lo psicópata… “mamuchi esto”, “mamita aquello”, “era mi mamá, se preocupa por mi, ¡estas mamis!”-agregó al cortar por quinta vez con su progenitora cuando notó mi expresión de… asombro (?) ante reiterados llamados. Eso fue tan sólo uno de los varios detalles un tanto raros en su persona. No sé bien de qué se trataba, pero había algo en él que no me terminaba de cerrar.

Cuando ya se le estaba agotando el repertorio y como último recurso al ver que nada me convencía en comparación con la hectárea de bosque nativo que yo ya tenía “preseleccionada”, me lleva por el “camino al Wilson”.

El Refugio Wilson es un refugio de montaña explotado turísticamente por décadas, pero ahora cerrado tras su cambio de propietarios. Queda a unos 7 Km. cuesta arriba por el Callejón Vecinal Ivor Owen Williams, aunque nadie le conoce ese nombre –ni en la municipalidad!-, llamándolo simplemente… “camino al Wilson” : ). Poco antes del refugio y por camino de uso público se llega a "la escuelita". Según este "Mr. P", es la escuelita donde Sandrini filmara su famosa película como maestro patagónico.

Pero no llegamos tan lejos... A sólo un km y medio desde el cruce (a menos de 3 km del pueblo), aparece… ¡NUESTRA CHACRITA!!!!

Inicialmente me lo ofreció como un terreno de 50 metros de frente por 200 de fondo, a fraccionar, vendido por uno de los muchos hijos del tal Ivor, “galenzos” todos (como les dicen acá) que tras la sucesión de las tierras que fueran de sus trabajadores padres venidos del lejano Gales, viven de la venta "de a puchitos" de los terrenos que heredaran, según su necesidad económica del momento.

Camino al Wilson, frente a nuestra chacrita (mano izquierda),
auto orientado hacia el pueblo (sería camino "al pueblo" y no al Wilson en este caso...
mmm bueno, se entiende no?)

¡La vista desde el terreno es alucinante! Ojalá hubiera sacado fotos más representativas pero en ese viaje saqué más fotos de detalles "técnicos" como para comparar y enviar por mail a Dani, que fotos "artísticas"... Pero bueno,... parte del terreno está justo en una suerte de loma desde donde se aprecia tanto el paisaje cordillerano con sus nieves eternas, como el valle en dirección al pueblo.

Caminando entre el muy tupido, e irritantemente “pinchudo” mosquetal, sentí que mi búsqueda había terminado.

Si bien el terreno a simple vista no tenía forestación alguna, más que la evidente invasión de rosa mosqueta, el paisaje desde acá era tan majestuoso que no lamentamos haber sacrificado los añosos árboles de la opción anterior. Y dije que “a simple vista” no estaba forestado porque de hecho hay muchos arbolitos nativos debajo de la densa rosa mosqueta, que según dicen, una vez desmalezada retomarán fuerzas y repuntarán su crecimiento. Por lo que pudimos ver, tenemos cipreses, radales y maitenes, pero hay algunas otras variedades que no pudimos identificar aún.


Los terribles mosquetales...


Faltaba negociar el precio, definir la longitud de la franja (ya que el terreno no terminaba en los 200 mt, sino que ese era el mínimo que por ley se puede vender en zona rural), y ver un montón de cosas más pero ESE ERA EL LUGAR... de alguna forma teníamos que arreglar.
Al final de cuentas, "el vivo" del pelotazo en contra se perdió la venta por querer "condimentar" la oferta (cuando ya el terreno se vendía solito) haciéndome creer que el cable de baja tensión que pasaba por el frente del terreno era de teléfono, factor que hubiera sido determinante en caso de haber estado más en duda.

Vista del terreno hacia la cordillera con sus nieves enternas
(en la foto ampliada se aprecia mejor)


Pero por esas cosas de la vida el propietario, a quien hasta ese momento no conocía, me avisa que el terreno NO TIENE teléfono y que, si bien tiene la necesidad de vender, no quiere quedar mal con futuros vecinos (él vive un poquito más arriba) y no va a decir una cosa por otra. No tardó en aprovechar mi despotricada en contra del de los dientes blancos para proponerme cerrar la venta de modo particular, ahorrándonos así un buen dinero.

De ahí en más ya no volví a ver a “Mr. P”. Cuando llamó, le pregunté irónicamente sobre la línea de teléfono y sólo le dije que lo iba a pensar… ese: “cualquier cosa te llamo” tan evidente y comúnmente usado cuando lo que querés es sacarte de encima una persona para ya nunca más volver a tratarla. Después me enteré por el dueño del terreno que este señor había estado preso, ¿la causa? Son varios los comentarios pueblerinos… (léase “vulgares chusmeríos”)… falsificó unas firmas… se le cayó la mujer del auto… se le cayó la mujer del auto ARRIBA DE UN CUCHILLO… en fin. Otra vez mi olfato no estaba tan errado, aaaaaalgo tenía este “Mr. P” : )
Vista del terreno hacia atrás. La loma con bosque nativo ya es del vecino.
Hay un arroyo entre medio.


Nuestra chacrita… Terminamos comprando (después de un tire y afloje con los precios) toda la franja, de 50 metros de frente por 330 de fondo en su parte más larga y 280 en la más corta, ya que un vecino había comprado una “L” que al fondo ocupa 40 metros de frente por 50 de fondo… que lío… más fácil: Compramos un terreno de 50 metros de frente, por 280 de fondo, que más al fondo tiene “de yapa” un terrenito de 10 de frente por 50 de fondo por el que pasa un canalcito de agua de deshielo… ¿no se entendió?.. mmm… bueno, algo así : )


Acá si van a tener que ampliar para ver los detalles :-)




Canalcito de agua de deshielo que pasa por el fondo del terreno.
El frutito rojo es la rosa mosqueta en plena época de cosecha.

La semana anterior había abierto una cuenta en el treintiúnico banco de Trevelin: “Banco del Chubut" y después de bastante renegar y tener que explicarles sobre transferencias bancarias internacionales, pude obtener los datos que necesitaba para girar los fondos necesarios para cubrir con la entrega para firmar el boleto.

Como al parecer no hay muchos otros escribanos en el pueblo además de la supuesta “profesional” del lote del río, que a pesar de ser una escribana tiene inmobiliaria (cosa que, a menos que las leyes acá sean distintas) tengo entendido que es ilegal, nos fuimos a una escribanía de Esquel para cerrar la operación.

El 9 de mayo de 2006 firmamos la compra de nuestro pedacito de patagonia.
“Plantamos el arbolito”... Ese será el comienzo del resto de nuestras vidas…

Tomé el avión de vuelta a Esperanza con la enorme satisfacción de sentir que había encontrado nuestro lugar en el mundo... Estando en Trevelin y a pesar de los problemas iniciales, me sentí raramente involucrada con el lugar. Es difícil de explicar, pero es como que el destino y sus jugarretas me hicieron conocer este pueblo cordillerano para atraparme con sus particulares encantos.

La cuenta regresiva había comenzado...

(Continuará...)